Durante décadas hemos normalizado el ronquido y el cansancio matutino como peajes habituales del paso del tiempo. Asumimos con demasiada facilidad que dormir mal es una incomodidad menor, desconectada de lo que ocurre con nuestra memoria, nuestra capacidad de atención o nuestra agilidad mental durante el día. Sin embargo, la neurociencia nos invita a mirar el descanso nocturno no como un periodo pasivo de desconexión, sino como un proceso biológico activo e indispensable para