En la numismática antigua existe un principio fascinante: para autentificar un denario romano no basta con que el metal sea plata de ley; hay que examinar con lupa el reverso, los detalles mínimos de la acuñación y el desgaste real del tiempo. Un ojo inexperto ve dos monedas idénticas donde un especialista detecta dos cecas y dos épocas radicalmente distintas. En la práctica neurológica nos enfrentamos con frecuencia a un dilema semejante. Cuando un paciente acude a consulta