Durante décadas, tanto la cultura popular como ciertos sectores de la comunidad médica han difundido un mensaje tan reconfortante como equívoco: la idea de que un consumo leve o moderado de alcohol (la tradicional copa de vino con las comidas) podría poseer un efecto protector frente al declive cognitivo y cardiovascular. Esta creencia se apoyaba en la conocida hipótesis de la curva en "J", que sugería que quienes bebían con moderación tenían menos riesgos que los abstemios o