La salud cerebral no depende únicamente de factores metabólicos o genéticos; nuestro entorno social desempeña un papel determinante en la preservación de la autonomía cognitiva. Recientemente, he tenido la oportunidad de abordar esta cuestión en una entrevista para el diario La Vanguardia, centrándome en un dato que la evidencia epidemiológica actual subraya con firmeza: la soledad no deseada aumenta el riesgo de desarrollar demencia en más de un 50%.