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Biomarcadores en sangre para el Alzheimer: qué nos dice la p-Tau217 en personas sin síntomas

  • Foto del escritor: David A. Perez Martinez
    David A. Perez Martinez
  • 10 ago
  • 3 min de lectura

Es posible predecir, años antes de que aparezcan los primeros fallos de memoria, qué personas cognitivamente sanas desarrollarán un deterioro cognitivo?  


Durante décadas, la neurobiología subyacente a la enfermedad de Alzheimer solo podía evaluarse tras el fallecimiento o mediante pruebas complejas como punciones lumbares o tomografías PET. Hoy en día, el desarrollo de los biomarcadores en sangre está transformando de forma radical este panorama. Sin embargo, desde la perspectiva clínica surge una pregunta inevitable: ¿qué significa exactamente presentar un nivel elevado de p-tau217 en sangre cuando una persona no muestra ningún síntoma?  


Un estudio multicéntrico de gran relevancia, publicado en la revista JAMA (julio de 2026), ha abordado esta cuestión analizando datos armonizados de 2.684 adultos mayores cognitivamente normales procedentes de seis cohortes internacionales (entre ellas A4, LEARN, ADNI, HABS, WRAP y HABS-HD), con un seguimiento mediano de 5,4 años.  

El objetivo principal de los investigadores fue determinar la capacidad de la proteína tau fosforilada en la posición 217 (p-tau217) en plasma para estimar el riesgo absoluto de progresión a deterioro cognitivo leve o demencia a 2, 5 y 10 años.  


Infografia sobre el poder anticipatorio y predictivo de desarrollar deterioro cognitivo determinando p-Tau217 en sangre en sujetos sin sintomas

¿Qué hallazgos aporta el estudio?


  • Aumento del riesgo relativo: Cada incremento de una desviación estándar en los niveles basales de p-tau217 plasmática se asoció con un incremento del 38% en el riesgo de progresión clínica (Hazard Ratio: 1,38).  


  • Riesgo absoluto a 5 años: Los participantes con niveles muy elevados de p-tau217 (>2,5 desviaciones estándar) presentaron un riesgo absoluto de progresión al 38%, frente a tan solo un 12% en el grupo con niveles bajos.  


  • Riesgo absoluto a 10 años: En el horizonte de una década, el riesgo estimado en el grupo con p-tau217 muy alta alcanzó el 78% (frente al 40% en el grupo bajo), aunque estos datos a más largo plazo deben interpretarse con cautela por la menor cantidad de observaciones acumuladas en ese intervalo.  


  • Deterioro cognitivo acelerado: Niveles elevados del biomarcador se asociaron de forma independiente con una pérdida de rendimiento significativamente más rápida en las pruebas cognitivas longitudinales (medidas mediante la escala PACC).  


Un aspecto de especial interés neurobiológico es que la p-tau217 mantuvo su valor pronóstico independiente incluso tras ajustar por la carga de amiloide cerebral medida por PET en Centiloides. Esto refuerza la idea de que la p-tau217 no es un mero reflejo pasivo de las placas de amiloide, sino un marcador integrado que sintetiza la respuesta neuronal, la sinaptotoxicidad y el avance paralelo de la patología tau en fases preclínicas.  


Ahora bien, conviene introducir de inmediato el matiz clínico y la prudencia necesaria:  

Estos resultados no significan que debamos empezar a solicitar análisis de p-tau217 en sangre de forma discriminada a personas asintomáticas en las consultas habituales.  

Las guías de práctica clínica actuales recomiendan explícitamente NO realizar determinaciones de biomarcadores plasmáticos en personas sin síntomas fuera del marco de la investigación o de los ensayos clínicos.  

La razón es clara: aún no disponemos de algoritmos de predicción individualizada con la precisión suficiente para la toma de decisiones asistenciales en un sujeto asintomático concreto, ni de tratamientos preventivos comercializados para esta fase preclínica.  


¿Por qué es tan relevante entonces esta evidencia?


Porque sienta las bases para enriquecer y diseñar ensayos clínicos de prevención primaria y secundaria mucho más eficientes. Nos permite estratificar a los participantes en función de su riesgo real a 2, 5 o 10 años y acelerar el desarrollo de terapias capaces de modificar el curso de la enfermedad antes de que el daño neuronal sea irreversible.  


La transición hacia una medicina de precisión en salud cerebral no consiste en generar alarma ni en etiquetar prematuramente a personas sanas. Consiste en convertir el conocimiento biomédico en una oportunidad real para la prevención, la investigación rigurosa y la preservación de la autonomía y el capital cognitivo a lo largo de la vida.  



Referencias:




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