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¿Puede una cirugía “revertir” el Alzheimer? Lo que sabemos sobre una controvertida técnica de drenaje cerebral.

Foto del escritor: David A. Perez Martinez
David A. Perez Martinez
8 sept
3 min de lectura

Durante décadas, la investigación de la enfermedad de Alzheimer se ha centrado fundamentalmente en el beta-amiloide, la proteína tau y los mecanismos que conducen a la pérdida progresiva de neuronas y conexiones cerebrales. Sin embargo, en los últimos años ha ganado protagonismo otra pregunta: ¿qué ocurre si el cerebro no elimina adecuadamente sus residuos?

Esta cuestión está detrás de una controvertida intervención experimental denominada anastomosis linfático-venosa cervical profunda (dcLVA), que ha despertado un enorme interés después de que algunos pacientes tratados en China mostraran mejorías sorprendentemente rápidas.


Infografia obre la anastomosis linfático-venosa cervical profunda y su posible efecto sobre la enfermedad de alzheimer

La hipótesis: facilitar la salida de residuos del cerebro


Hoy sabemos que el cerebro dispone de vías de intercambio de fluidos y de drenaje relacionadas con los vasos linfáticos de las meninges. Estos sistemas participan en la eliminación de sustancias y proteínas, entre ellas beta-amiloide y tau.

La dcLVA intenta intervenir precisamente en este punto. Mediante microcirugía se conectan pequeños vasos linfáticos cervicales con venas próximas, creando una nueva vía de salida que, teóricamente, podría facilitar el drenaje de fluidos y residuos cerebrales hacia la circulación sanguínea.

La hipótesis es, por tanto, biológicamente plausible. Pero que un mecanismo sea plausible no significa que el tratamiento funcione.


¿Qué señales han despertado el interés?


Los primeros casos publicados describieron pacientes con mejorías muy llamativas. Posteriormente aparecieron pequeñas series realizadas fundamentalmente en centros chinos.

En conjunto, los trabajos publicados hasta ahora han comunicado tres tipos de señales:

  • Mejorías cognitivas o funcionales en algunos pacientes;

  • Cambios en biomarcadores como beta-amiloide y tau;

  • Modificaciones en estudios de conectividad cerebral y circulación sanguínea.

Sin embargo, cuando se analizan grupos más amplios, las mejorías medias son generalmente mucho más modestas que las observadas en los casos más espectaculares. Esto obliga a diferenciar dos conceptos muy distintos: una señal prometedora y una eficacia demostrada.


¿Por qué algunos pacientes parecen mejorar tan rápidamente?


Este es uno de los aspectos más intrigantes.

Algunos cambios se han descrito pocos días después de la intervención. Esa velocidad resulta difícil de explicar mediante una modificación de las placas de amiloide, los ovillos de tau o la neurodegeneración establecida.

Se han propuesto varias posibilidades: reducción de la presión o cambios en la dinámica de los fluidos cerebrales, eliminación de mediadores inflamatorios o metabolitos tóxicos, o una mayor eliminación de formas solubles de beta-amiloide y tau. Pero ninguno de estos mecanismos ha sido demostrado por el momento.


La evidencia sigue siendo preliminar


Las principales incertidumbres son importantes. Muchos estudios son pequeños, varios carecen de grupo control y existe riesgo de efecto placebo y sesgo de expectativa. Además, desconocemos cuánto dura un posible beneficio y tampoco existe todavía una técnica quirúrgica completamente estandarizada.

Y no debemos olvidar que se trata de una cirugía. Entre sus posibles complicaciones se encuentran infección, sangrado y lesión de estructuras nerviosas próximas.


La respuesta vendrá de los ensayos controlados


La buena noticia es que la investigación está entrando ahora en una fase mucho más rigurosa.

Entre los estudios mencionados por Nature se encuentra un ensayo multicéntrico chino de 192 participantes y otro estudio aleatorizado de 376 personas. Algunos protocolos incorporan incluso cirugía simulada para intentar controlar el efecto placebo. En Estados Unidos se está desarrollando además un pequeño estudio de 15 participantes.

La dcLVA abre una vía de investigación fascinante sobre el papel del drenaje cerebral en las enfermedades neurodegenerativas. Pero, por ahora, la conclusión debe ser prudente:

la idea es prometedora; la prueba todavía no.

Todavía no podemos considerar la dcLVA un tratamiento demostrado para la enfermedad de Alzheimer. Lo que sí podemos decir es que plantea una pregunta científica importante que merece ser respondida mediante estudios rigurosos.




Referencia

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