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Espacios verdes y salud cerebral: qué sabemos sobre envejecer cerca de la naturaleza

Foto del escritor: David A. Perez Martinez
David A. Perez Martinez
13 oct
3 min de lectura

La salud cerebral también tiene una dimensión urbana. El barrio donde vivimos puede facilitar el movimiento, las relaciones sociales y el contacto con la naturaleza, o convertirse en una barrera para mantener esas actividades. En las personas mayores, esta diferencia puede ser especialmente relevante.

Una revisión sistemática publicada por Wang y colaboradores en BMC Public Health en 2026 analiza la relación entre la exposición a espacios verdes y la salud durante el envejecimiento. Sus resultados apuntan a posibles beneficios, aunque requieren una interpretación prudente.


Infografia sobre el efecto de los espacios verdes y la salud cerebral

Qué ha estudiado esta revisión


Los investigadores seleccionaron 27 estudios, publicados entre 2012 y 2024, sobre personas de 60 años o más. Catorce eran longitudinales, doce transversales y uno un ensayo clínico aleatorizado. La búsqueda bibliográfica abarcó hasta noviembre de 2024.

La exposición a la naturaleza se midió de distintas formas: cantidad de vegetación alrededor del domicilio, proximidad a parques, vegetación visible o accesibilidad percibida. Esta diversidad importa: vivir en una zona con abundantes árboles no equivale necesariamente a disponer de un parque seguro y utilizarlo habitualmente.

La revisión examinó resultados cardiovasculares, metabólicos, cognitivos y emocionales, además de satisfacción con la vida.


Alzheimer y depresión: asociaciones prometedoras


Los hallazgos más relevantes para la neurología proceden de dos metaanálisis, cada uno basado únicamente en tres estudios.

Para la enfermedad de Alzheimer, una mayor exposición a espacios verdes se asoció con una menor posibilidad estadística de presentar la enfermedad: una odds ratio de 0,856, con un intervalo de confianza del 95 % entre 0,769 y 0,943.

En depresión, la asociación también fue favorable, con una odds ratio de 0,724 y un intervalo entre 0,549 y 0,900.

Estas cifras no significan que pasear por un parque reduzca directamente el riesgo individual de Alzheimer un 14 % o el de depresión un 28 %. Expresan asociaciones entre grupos con diferentes exposiciones, y las odds no son equivalentes al riesgo absoluto.

Además, los resultados variaron considerablemente entre estudios, especialmente en depresión. Por tanto, la magnitud del posible beneficio sigue siendo incierta.


Por qué podría influir la naturaleza


Los autores plantean varios mecanismos plausibles. Los espacios verdes pueden favorecer la actividad física, facilitar encuentros sociales y proporcionar entornos que ayuden a reducir el estrés. También podrían disminuir determinadas exposiciones ambientales, como el calor o la contaminación, dependiendo del contexto.

Desde una perspectiva clínica, resulta razonable pensar que parte de la asociación se explique por estas oportunidades. Un parque cercano puede facilitar que una persona mayor salga de casa, camine y mantenga vínculos con otras personas.

Sin embargo, esta revisión no demuestra cuánto aporta cada mecanismo ni permite atribuir los resultados exclusivamente a la vegetación.


El matiz que debemos conservar


La evidencia es fundamentalmente observacional. Las personas que viven en barrios más verdes pueden diferir también en ingresos, educación, hábitos o acceso a servicios sanitarios. Aunque los análisis intenten ajustar estas diferencias, pueden persistir factores de confusión.

Tampoco se establece una cantidad óptima de naturaleza ni se demuestra que aumentar la vegetación prevenga por sí mismo el Alzheimer.

La implicación práctica es favorecer espacios cercanos, accesibles y agradables que permitan mantener una vida activa y conectada. Para una persona con dificultades de movilidad, los bancos, la sombra y los caminos seguros pueden ser tan importantes como el número de árboles.

Cuidar el cerebro incluye cuidar las condiciones que hacen posible salir, moverse y relacionarse. La naturaleza puede formar parte de ese entorno favorable, sin convertirla en una promesa terapéutica.


REFERENCIA:

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