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¿Tienen impacto clínico las terapias con animales en la persona con Demencia?

Foto del escritor: David A. Perez Martinez
David A. Perez Martinez
1 oct
3 min de lectura

La búsqueda de intervenciones no farmacológicas en las demencias responde a una necesidad clínica de primer orden: aliviar los síntomas conductuales y afectivos sin recurrir a la sobremedicación ni comprometer la seguridad del paciente.

 

Entre estas estrategias, las intervenciones asistidas con animales —desde visitas con perros de terapia hasta dispositivos robóticos de interacción como PARO— han generado una enorme simpatía social y profesional. Sin embargo, en el ámbito de la salud cerebral, el entusiasmo bienintencionado no puede sustituir a la evaluación metodológica rigurosa.

 

Un exhaustivo trabajo publicado en el International Journal of Nursing Practice arroja luz sobre esta cuestión, sintetizando la evidencia acumulada hasta la fecha mediante un análisis conjunto de revisiones sistemáticas y un nuevo metaanálisis.


Infografia sobre la terapia con animales en la demencia
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La evidencia bajo la lupa metodológica


El estudio analizó 16 revisiones sistemáticas publicadas entre 2019 y 2026, extrayendo los datos de los ensayos controlados aleatorizados y estudios cuasiexperimentales originales (con un total de 60 investigaciones y más de 2.600 participantes) para reevaluar cuantitativamente sus efectos mediante metodología GRADE y la herramienta AMSTAR 2.

 

Los investigadores examinaron el impacto de estas intervenciones sobre cinco áreas críticas del cuadro clínico: Depresión, Agitación, Calidad de vida, Rendimiento cognitivo y Actividades de la vida diaria (autonomía funcional).

Dónde sí existe beneficio: el alivio de la esfera depresiva

El hallazgo más consistente del trabajo es la reducción significativa de los síntomas depresivos en personas que conviven con demencia.

 

El metaanálisis agrupó a 788 participantes a través de 12 estudios originales, demostrando una mejoría estadísticamente significativa en los niveles de depresión (diferencia de medias estandarizada global de -0,73, manteniéndose en -0,64 al aislar exclusivamente ensayos clínicos aleatorizados).

 

El sistema GRADE otorgó a este resultado un nivel de certeza moderado. En la práctica clínica, esto se traduce en una constatación tangible: el contacto guiado con el animal —o con sustitutos robóticos adaptados— actúa como un catalizador afectivo capaz de mitigar la tristeza, disminuir la apatía y brindar confort emocional.


Dónde no hay efecto demostrado: cognición, agitación y autonomía


Frente a la narrativa habitual que atribuye a la terapia con animales una capacidad regenerativa global, los datos cuantitativos exigen prudencia y delimitan con claridad sus fronteras:


  • Función cognitiva: El subgrupo de ensayos clínicos aleatorizados (7 estudios, 614 pacientes) no halló diferencias significativas respecto al grupo control (SMD 0,49; IC 95%: -0,05 a 1,02). La intervención no frena el avance neurodegenerativo subyacente ni restaura capacidades cognitivas perdidas.

  • Agitación: Pese a la creencia extendida de que el animal calma invariablemente la inquietud motora, el análisis de 6 ensayos clínicos (478 participantes) no evidenció un efecto estadísticamente significativo (SMD -0,25; IC 95%: -0,68 a 0,18).

  • Calidad de vida y actividades diarias: Tampoco se constataron beneficios consistentes en las escalas de calidad de vida (SMD 0,07) ni en la capacidad funcional para desempeñar las actividades básicas del día a día (SMD 0,30).

 

El matiz clínico: modular emociones no es revertir patología


Interpretar estos resultados exige evitar dos posturas simplistas: descartar la intervención por no curar o ensalzarla como una solución milagrosa.

 

Las intervenciones asistidas con animales no modifican la fisiopatología de patologías como la enfermedad de Alzheimer ni devuelven autonomía funcional al paciente en fases moderadas o avanzadas. No obstante, en un síndrome donde la desconexión afectiva y el sufrimiento anímico erosionan la dignidad diaria, disponer de una herramienta no invasiva capaz de aliviar los síntomas depresivos posee un valor humano y asistencial indudable.

 

El reto reside en personalizar la indicación: evaluar la biografía del paciente, sus afinidades previas, la seguridad del entorno y el grado de fatiga del cuidador, integrando estas sesiones como un complemento afectivo dentro de un plan terapéutico global y no como una terapia cognitiva aislada.


Referencia científica completa


Zhou, J., Li, S., Liu, H., Sun, Y., & Wang, Z. (2026). The Effectiveness of Animal-Assisted Interventions for People Living With Dementia: An Overview of Systematic Reviews and Meta-Analysis. International Journal of Nursing Practice, 32, e70172. https://doi.org/10.1111/ijn.70172

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